(La historia detrás de la edición de este libro escrito por un niño de 9 años)
Juan David Botero Ospina, autor de
Mi mundo de aventuras y otras historias
Uno
No he encontrado hasta ahora la primera
madre que hable mal de su hijo. Es más, que no hable maravillas de su hijo. Y
esta no podía ser la excepción.
Cuando Gloria, la mamá de Juan David, me
contactó, no hizo más que confirmar la regla: tengo un hijo que es un genio, tiene
que conocerlo porque es maravilloso, tiene un talento que ni se imagina,
escribe desde que era un bebé, y ya tiene como cincuenta cuentos escritos. Y
–para rematar– me dice que Jairo Aníbal Niño (sí, el escritor, el famoso
escritor) dizque había sido su amigo y era gracias a él que su hijo escribía
todas esas historias.
Imagínense ustedes, queridos lectores,
quién le podía creer ese mundo de afirmaciones. Y yo no sería la excepción.
Pues bien, lo primero que hice –o mejor,
lo segundo, porque lo primero fue dudar de todo lo que me dijo– fue decirle que
sí, que me enviara los textos por correo, que otro día hablábamos, que yo la
llamaba, que felicitaciones por tener un hijo tan maravilloso, etcétera,
etcétera. ¡Ah!, y que, claro, yo le devolvería la llamada.
Pasaron los meses y me olvidé del asunto,
de Gloria y, por supuesto, de su hijo superdotado.
Juan David y la portada de su libro
(En lanzamiento, Villaviencio, Meta)
Dos
Un buen día contesté el teléfono y del
otro lado de la línea estaba la voz de Gloria, que dulcemente preguntó por los
textos que me había enviado. ¿Cómo le parecieron? –me dijo. Buenos, le respondí
–tuve que mentirle, pues no los había leído–. Pero inmediatamente traté de
enderezar el asunto, de corregir mi error, y le dije que quería conocer al
niño, hablar con él sobre los textos, en fin, salir de ese lío de una vez por
todas.
Esa misma noche me dediqué a leer los
textos de Juan David.
Fue increíble ver y sentir ese mundo desbocado,
esa locura tejida por un inventor de historias, de tramas, de vuelos sin
límites; una verdadera explosión de talento y de aventuras, de alguien que tenía
mucho, mucho que contar.
Pero seguía la duda, que solo podría resolver
al entrevistar al niño, para descartar cualquier intervención de mano adulta en
los textos.
Ahora era yo el ansioso. Nos reunimos con
el niño, y comencé a preguntarle por sus historias, que fue refiriéndome una a
una: este cuento lo imaginé un día que fui de pesca con mi abuelo; aquella
historia la hice pensando en mi perro Manolo; la otra la inventé cuando vi la
navaja de mi abuelo y me imaginé que podía tener poderes mágicos. En fin, no
solo se resolvieron mis dudas, sino que algo quedó perfectamente claro: el
autor de esos textos era Juan David Botero Ospina, un niño que llevaba casi
cuatro años contándole a su madre historias, que ella iba escribiendo en
cuadernos y después pasaba al computador, tal cual le habían sido dictadas por
su hijo.
Debo decir aquí, que desde el primer
contacto con Juan David, éste se desenvolvió en un diálogo fluido que casi no
para, como si narrara otra historia sobre sus propias historias. Y aquí otra
sorpresa: Gloria me dijo aterrada que el niño nunca hablaba con tal soltura, que
generalmente tartamudeaba, pues tenía problemas de expresión oral y escrita.
Creo que ese fue el mejor indicio para la excelente
relación que nació ese día.
Juan David Botero Ospina en el acto de lanzamiento de su libro
en Villavicencio.
Tres
El resto fue trabajo. Sí, les propuse a
sus padres que para sacar adelante estos textos, con el máximo cuidado posible,
deberíamos realizar una serie de talleres personalizados. El método era
sencillo, pues se trataba de que los textos fueran corregidos por el mismo
autor, y para ello debía comenzar a identificar sus propias falencias, sus
propios errores y aprender a corregirlos, a hacer más coherentes, más
entendibles y mejor redactados esos borradores iniciales que le había dictado a
su madre. Y así fue.
Por ejemplo, lo puse a leer el comienzo de
tres de sus textos y le pregunté qué veía. –Pues que todos comienzan por ‘Había
una vez’, –me dijo. La tarea fue encontrar alternativas distintas para iniciar
sus historias. Y así lo hizo.
Otro ejemplo: en un texto suyo debía buscar
la palabra
entonces. Y llegó a
encontrarla 17 veces en uno solo. Ahí entendió que tenía que trabajar duro para
reemplazar buena parte de esos términos con sus propias palabras y su propia
imaginación.
Igual sucedió con el trabajo de los
finales, las formas de abordar las historias, su coherencia, en fin, el libro que
hoy se publica fue el resultado de un trabajo –si bien dirigido– hecho por el
autor. Y sí que aprendió. Con los últimos relatos ha afinado tanto el ojo que
no necesita tutor. Discute y cambia o mejora lo que él considera. Claro, con
argumentos. Porque también ha aprendido a escuchar. Pero sobre todo, a ser
crítico de sus propias invenciones.
Como editor le propuse algunos títulos
para el libro, pero me ganó la batalla –con argumentos válidos– hasta que quedó
como él quiso:
Mi mundo de aventuras y
otras historias.
Ya en proceso de edición final –y sin
habérselo sugerido siquiera– me envió un correo con la dedicatoria que debía ir
en el libro. Y así se hizo. Definitivamente éste es un jovencito que, además de
talento, tiene criterio.
Aquí es importante decir que a Juan David
se le explicó, y lo ha entendido perfectamente, que esto de la escritura –y de
la creación en general– está soportado en tres pilares fundamentales:
la
imaginación,
las vivencias y
el conocimiento. Y por
supuesto, se cristaliza con trabajo, con mucho trabajo.
La imaginación y las vivencias le sobran, por
eso está centrado en el tema del conocimiento, y hasta ahora, que se sepa, nadie
ha podido descubrir una manera distinta de lograrlo que no sea con la lectura,
que, además de abrirle un mundo de infinitas posibilidades, le alimenta la riqueza
y la fluidez del lenguaje.
Lo ha tomado en serio: lee, no por
imposición sino por convicción y con plena libertad, porque la idea es que lea,
lo que se le venga en gana, pero que lea y así pueda ver cómo es que los otros
construyen las historias; que aprenda los trucos y los practique en sus textos.
Lo otro que debe hacer es dejar la pereza y comenzar a escribir más que a
dictar sus textos. Ahí vamos.
En cuanto a los textos que se publican en
este libro, se han conservado la estructura lingüística del niño, los giros
propios de su edad y la forma de expresarse. Solo hemos corregido ortografía y
coherencia en el manejo de tiempos, de género y de número.
El resto de asuntos (la desbordada
imaginación, el manejo de tramas y personajes y sus locas historias) son de entera
culpa y responsabilidad de Juan David. De Juan David Botero Ospina, el pequeño
gran escritor de historias y aventuras, quien ya prepara su próximo libro, que
ha titulado ‘El cocodrilo viajero’, y otro sobre piedras mágicas, que va en su
segunda parte.
Creo que Juan David es un afortunado que no solo ha sabido aprovechar al máximo ese talento e imaginación propios de los de su edad, sino que ha sabido impregnar estas historias con alas propias, aderezadas siempre con el profundo amor que le prodigan sus padres y su entorno familiar.
Portada del libro (Editorial Entreletras, mayo de 2012)
Ilustraciones de Luis Miguel Ortiz López
Tres textos de Juan David Botero Ospina
Del libro Mi mundo de aventuras y otras historias
(Editorial Entreletras, Villavicencio, 2012)
Perro viejo… se hace nuevo
Hace mucho tiempo un perro que estaba en una granja se sintió muy viejo y decidió morirse. Los abuelitos que eran sus dueños lo llevaron a una granja donde no había nadie para que se muriera, pero en esta granja no había ni humanos ni animales, solo perros... esos perros lo ayudaron a ser como nuevo y el perro regresó a la granja a ser feliz a los abuelitos, porque es el mejor amigo de los abuelos, y ya no necesitaba morirse.
¡Pero pasó algo terrible!: que los perros que lo ayudaron a ser como nuevo se envejecieron, entonces el perro nuevo los ayudó a ser nuevos, les dio media vida a ellos y la otra mitad para él. Y así terminó feliz la historia.
(Este cuento es para Manolo, mi perro que vive en la casa de mis abuelitos).
Octubre 16 de 2007 (a los 5 años)
Las mil brisas
Unos días de mucha pero mucha brisa, vi mil vientos pasar por mis ojos y vi que ellos creaban tormentas y huracanes y siempre pensé que iban a formar lo más impresionante para mí de los llamados huracanes gigantes. Hasta que un día cuando vi los mil vientos, vi acercarse algo muy pero muy grande, entonces vi que se acercaba un poco y también vi que se alejaba un poco.
Lo quise ver desde cerca, era un enorme pero enorme huracán; lo vi y así fue muchos días y fui feliz entre esos vientos. Pero un día vi un huracán que se acercaba muy rápido a mi casa, entonces iba a llegar hacia mí y cuando llegó me llevó encima de él, me hizo entrar y desde arriba vi mucho del mundo y vi mi país Colombia y Villavicencio y otros países y vi al mundo desde ahí.
Me sentí muy feliz ya que los vientos que me llevaron a ver al mundo siempre me gustaron y desde ahí recordé mucho todo el mundo.
Esa fue mi historia de los mil vientos, en medio de una brisa fuerte pero muy feliz.
Mayo 9 de 2011
El árbol contaminado
Era un día en que el hombre creó una maquina contaminante, pero el hombre no la podía usar contra él mismo, entonces tomo un árbol muy duro y fuerte, lo puso en la máquina, pero no sabía que también se iba a mutar, entonces el proceso fue transformando al árbol en otra cosa, el árbol se escapó al bosque y cuando despertó tenía otra forma, ya no era un árbol normal sino un árbol muy pero muy distinto a los demás, podía moverse y caminar.
Sus amigos se aterraron al ver que uno de sus mejores amigos había cambiado, lo iban a abandonar pero vio a un árbol muy caído y lo tocó y cuando abrió los ojos se había curado, todos sus amigos se sorprendieron ya que él podía curar y lo pusieron “El Poderoso Tuxzon”, entonces se acordó de algo, se convirtió así, porque las máquinas y el humano lo contaminaron, luego quiso ir a castigarlos, les ayudó a los otros árboles a que caminaran, entonces cuando los árboles pudieron caminar fueron a castigar al humano y llevaron también a algunos animales.
Como el humano tenía tantas máquinas de contaminación, el Poderoso Tuxzon encontró algunas y con sus amigos árboles Dani, Dress, Xircon y otros, las destruyeron. Entonces un humano los vio, llamó a las máquinas, a hombres y hasta a policías para que destruyeran a los árboles, y comenzó la lucha árboles, animales contra humanos y máquinas.
Dani vio que al Poderoso Tuxzon le iban a disparar y saltó muy alto y apartó al poderoso Tuxzon; la bala disparó hacia Dani y los otros árboles también estaban muriendo, hasta que todos los árboles estaban muy heridos y derrotados y el Poderoso Tuxzon le tocó luchar solo.
Él les gano a las máquinas y a los humanos, pero aun quedaba un humano y una máquina; el poderoso Tuxzon se preparó con todo, entonces sus ramas se volvieron muy gruesas y sus hojas se levantaron, sus raíces se volvieron tan filosas como un cuchillo, sus tubos de agua se inflamaron y fue duramente a la guerra.
El humano y la máquina casi destruyen al gran Tuxzon, pero él tenía un arma secreta: tres cañones que lanzaban una combinación de savia, oxígeno puro y un extracto de frutos, semillas y aroma de flores, convertidos en una clase de líquidos muy fuertes. El poderoso Tuxzon disparó al hombre y a la máquina. El hombre se dio por vencido y la máquina quedó destruida.
Los árboles pudieron vivir en paz.
Mayo 3 de 2011