martes, 1 de noviembre de 2016

Columna de opinión / Jaime Fernández Molano*

El palo no está para cucharas

            Las recientes denuncias hechas por un medio escrito (Agenda Hoy) y replicadas por medios radiales y todas las redes sociales sobre el manejo cultural de nuestra región, son un campanazo de alerta al que se le debe poner mucha atención.
       No desestimar lo denunciado y por el contrario indagar sobre los hechos expuestos, corregir los errores y actitudes que no corresponden al correcto ejercicio de la cosa pública, debe ser la vía a seguir.
       Por ello, me parece que la tajante decisión de la Gobernadora del Meta como reacción a lo sucedido en la Casa de la Cultura del Meta, es lo más sensato.
       Así, ante un contrato cuestionado a todas luces, la mandataria toma la decisión de separar del cargo a la (ya cuestionada con anterioridad) asesora jurídica de la entidad, y revisar con lupa toda su contratación, entre otras acciones.
       Importante la revisión de temas contractuales y actitudes que no correspondan al estilo amable y eficiente de la gobernante, en sus otras dependencias culturales.
         Pues todos sabemos que el palo no está para cucharas.            

* Correo: entreletras2@gmail.com - Twitter: @jaimefm60

sábado, 1 de octubre de 2016

Debo confesarlo: Compré un voto para el SÍ, y por adelantado / Jaime Fernández Molano

   Me parece increíble estar confesando esto; pero me veo obligado a decirlo: compré un voto por el SÍ para las elecciones del plebiscito. Y lo más tenaz: por adelantado.
   Para hacer ese voto efectivo, giré esta mañana $60.000 a quien va a votar; pero adicionalmente, le prometí que tendría su exigencia mayor para el domingo: el sagrado plato de lechona, antes de ir a votar, por supuesto.
   Yo, que tanto he criticado la compra de votos, las lechonas para los votantes, el pago de transporte, etc., creo que caí en esa práctica. Y lo confieso públicamente, para estar un poco más tranquilo.
   Me explico: la persona a quien le giré el dinero, me dijo: “como mi cédula está inscrita en Villavicencio y yo estoy en Bogotá, la única opción para ir a votar es que me subsidien lo del pasaje ida y regreso. Y eso sí: no perdono la lechona dominguera antes de ir a votar.”
   Tras pensarlo un breve instante, de una dije sí, porque no es justo perder ese votico.
   Para hacerlo efectivo, giré esta mañana $60.000. Y cumpliré con un buen plato de lechona antes de ir a votar.
   Lo que hay que hacer por los hijos. O mejor, por las hijas.
  Esta mañana le giré el dinero para el transporte a mi hija Nicole, quien estudia en Bogotá, tiene inscrita su cédula aquí y se muere si no cumple con su sagrado deber de votar.
   La lechona es un ritual de domingo cuando ella está en casa.
  Sé que va a votar por el Sí; pero si votara por el no, también le financiaría el viaje, y comeríamos lechona.

Correo: entreletras2@gmail.com
Twitter: @jaimefm60

viernes, 30 de septiembre de 2016

Es un SÍ para el país, no para Santos ni para la guerrilla / Jaime Fernández Molano

        Me han preguntado por qué voy a votar por el SÍ. Y esta es mi respuesta:
       En primera instancia, creo que es muy importante hacer un paneo histórico sobre los grandes y escasos procesos de paz que han resultado exitosos en el planeta, para demostrar que ninguno es perfecto; que por supuesto quisiéramos que todos los que consideramos bandidos, delincuentes, extorsionistas y asesinos, se pudrieran en la cárcel. Que, como dijera un dirigente de derecha, da rabia pensar que después de todo lo que han hecho, terminen sembrando florecitas en el campo dizque para pagar sus crímenes. Pero estoy aún más de acuerdo con lo que alguien le respondió a ese dirigente: yo si prefiero ver a esos señores que tanto daño han causado, sembrando flores y no minas quiebrapatas, ni masacrando gente.
       La historia demuestra que en más de medio siglo de guerra, ni uno ni otro bando fue capaz de derrotar totalmente al otro. Ni Tirofijo llegó al poder por las armas, ni Uribe pudo acabar militarmente con esa guerrilla, aunque tuvo ocho largos años para hacerlo —y que no vengan con el cuento de que le faltaron otros dos, tres o cuatro años para hacerlo—.
       Así las cosas, después de casi 60 años de guerra atroz con esta guerrilla, prefiero una paz imperfecta (porque la perfecta solo está en el cielo) que una guerra recrudecida y sin ninguna esperanza, que puede durar fácil otro medio siglo y otros cientos de miles de nuestros muertos (incluidos, Dios no lo quiera, algunos de nuestros hijos, nietos o familiares).
       Y eso no significa que respalde a un político abyecto y manipulador como Santos, de la misma calaña que todos los que le han precedido en esa silla en el último siglo (incluido Uribe, uno de los más despreciables y temibles).
       No. No es respaldar a ese deshonroso personaje que está en el poder, y menos a los indeseables guerrilleros. No. Es apoyar la posibilidad de que por fin tengamos algo, algo de esa paz que hemos buscado, así no sea la ideal, por supuesto.
       Y una reflexión: si no es ahora ¿cree que vamos a tener otra oportunidad en breve tiempo para lograr un acuerdo? Y si se llegara a dar, ¿cree que van a estar dos angelitos inmaculados al frente de esa firma? Me explico: ¿será que nos toca esperar a tener un presidente honesto, transparente y prócer, de un lado, y del otro un ángel de Dios, para —ahí sí— apoyar un acuerdo?
       Hay que verlo como un momento histórico que tenemos la oportunidad única de aprovechar o desaprovechar ahora mismo. Y por supuesto que cualquier acuerdo siempre será imperfecto, y no nos tendrá contentos al 100%; pero prefiero eso, a seguir en una guerra irracional que desde siempre y hasta hace poco hemos sufrido con esa guerrilla.
       Y claro que existen otros grupos y muchos más bandos de gente miserable haciendo la guerra ahora mismo, y que al firmar el acuerdo con las Farc no van a desaparecer de la noche a la mañana; pero tampoco olvidemos que si bien esa guerrilla no es el único generador de violencia, si es, sin lugar a ninguna duda y de lejos, la más fuerte y la de mayor capacidad de daño que hemos tenido en todo el territorio nacional y en toda nuestra historia.
            En resumen, voy a decir SÍ para darle una oportunidad al país, no de terminar ya la violencia de un plumazo (asunto imposible en cualquier momento), pero sí de empezar a tejer otros caminos posibles que conduzcan hacia la terminación de este conflicto.

martes, 5 de abril de 2016

Jaime Fernández Molano / Poema de cien mil

A propósito del poema de Luis Vidales 'A la palma de cera', incluido en el nuevo billete de $100 mil.

Poeta Luis Vidales (Calarcá, 1904 - Bogotá, 1990)

       Menos mal el gran poeta Luis Vidales era ateo, o sino se estaría revolcando de la piedra en su tumba.
       Y por dos razones. Primero, porque habiendo sido el precursor del comunismo en Colombia, resulta al menos paradójico que aparezca con uno de sus poemas en el nuevo billete de 100 mil pesos.
       Y segundo, que casi nadie sabe en profundidad quién es el poeta. Pero lo peor sucedió en Blu Radio. Ninguno sabía en cabina nada de Vidales, y menos supieron decir por qué diablos hay un poema suyo en homenaje a la palma de cera del Quindío (que aparece en el billete).
       Una periodista al aire se limitó a leer apartes de lo que dice Google, pero no dijeron nada del porqué de su poema.
       No fueron capaces de decir, por ejemplo, que ese es uno de los poemas más hermosos que le han hecho a la palma de cera; y que precisamente Vidales es quindiano (de Calarcá).
       Pero además, no sabían que de su mano llegó la vanguardia de la poesía a Colombia, con la publicación, en 1926, de su famoso libro 'Suenan timbres'; título alegórico, pues en ese año fueron instalados los primeros timbres en las casas colombianas. Había llegado la modernidad al país. Y con esta, uno de mejores poemarios publicados en el siglo XX.
       Los de Blu deberían ser un tris más rigurosos y más recursivos, así no dejen de ser ignorantes.
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Aquí el poema a la cera, publicado en el reverso del nuevo billete de $100 mil:

A la palma del Quindío
Le conté mi sueño un día,
Era la palma, era,
Era la palma de cera,
La palmera,
La palma del sueño mío.
Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío
Y cuando pasan los vientos
La palma se vuelve al río…
Oid el río del aire,
El río…, la palma del niño mío.
Aquí la palpo guardada
Aquí en el pecho,
Al lado izquierdo del alma
En donde llevo el Quindío.

Luis Vidales